Sexología    

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Dr. Juan Carlos Kusnetzoff

La sexualidad humana, aunque es potencialmente un bien natural, implica hábitos, comportamientos, actitudes y, significados aprendidos, que tienen que ver con la historia personal de cada uno. La sexualidad puede – y debe – ser una fuente de placer. Lamentablemente, cuando se presentan disfunciones, se transforma en origen de conflictos, de intensas pesadumbres, de obstáculos en la comunicación, de profunda infelicidad.

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Disfunciones

 

Disfunciones masculinas, Disfunción eréctil

Problemas de erección.

El pene y su hombre.
Hacia una erectología de la erección.

Si existe alguna preocupación casi existencial en la vida de un varón - y no digo "hombre", para no incluir a la mujer en la aseveración - es su pene.
Este órgano diminuto (aunque sea de tamaño "normal" el varón lo verá o sentirá como diminuto) goza de un prestigio que va mucho más allá de sus funciones naturales.
Digámoslo de entrada: para el varón, el pene es una alteridad. Quiere esto decir, que tiene autonomía, que tiene "vida propia", que es "como otra persona"; tanto es así, que muchos varones "le hablan", "lo insultan", "le ruegan" y … se "reconcilian" con él.
Para el varón, el pene - o mejor dicho, la erección - es casi todo. Puede haber amor o no, sentimientos, o no, excitación o no, la mujer propia o la ajena, de más edad, o de menos. Es lo de menos. Lo importante, es que se produzca la erección, en el momento en que se necesite.
En la totalidad de los casos, el pene muestra "su independencia", y eso "hiere" el narcisismo varonil. "A la mañana, cuando no lo necesito, allí, en ese momento, sí. Ahora, cuando voy a tener relaciones sexuales, no se levanta nada".
En otras ocasiones, el asunto se parece a un "torneo": "Pero mire que yo hago fuerza, me concentro, me concentro y.... nada!"
El profesional puede explicar, con gráficos y todo, que la erección es un proceso complejo e involuntario. Será completamente inútil: el varón cree, sinceramente, que la erección él la puede provocar y sostenerla a voluntad, mediante un proceso de concentración mental. Y este error, a nuestro juicio, tiene su explicación.
El pene es un órgano. Un órgano como-cualquier-otro. órgano. Al igual que el corazón, los pulmones o el hígado - para tomar tres de los más conocidos - es imposible su regulación funcional voluntaria. Como cualquier otro órgano, el pene está gobernado por el Sistema Nervioso Autónomo, y subrayo Autónomo. A nadie se le ocurriría - salvo de poner en duda su sano juicio - solicitar a otra persona, que "produzca mediante una concentración profunda, una aceleración cardíaca de ciento ochenta latidos por minuto", estando, claro está, la persona sentada o acostada. O solicitar que "voluntariamente, descienda a la mitad, el número de respiraciones por minuto". O que "por favor, mediante una concentración adecuada, segregue bilis por parte del hígado, un treinta por ciento más de lo que lo hace habitualmente".
Con todo lo anterior queremos significar, que siendo el pene un órgano, y como tal regido por un sistema al cual no tenemos acceso voluntariamente, será inútil y hasta pernicioso, que nos ocupemos en forma voluntaria, consciente y empecinadamente de su funcionamiento. Los varones sienten que están "a merced" de su pene, que es él el que los gobierna. Y tienen razón. De allí el título de ésta disertación: "El pene y su hombre".
Los mecanismos autónomos, automáticos, son "unidades selladas" que, al igual que los relojes de precisión, se dañan cuando se les toca su delicado mecanismo. Y es eso lo que ocurre cuando con nuestra actividad consciente, intentamos gobernar lo ingobernable: la erección. En esos momentos, se produce la inactivación del sistema involuntario, que perturbado en su fluir automático, comienza a fallar.
Con muy ligeras variantes, casi todos los varones que por cualquier causa - y deseo remarcar que por cualquier causa - han perdido total o parcialmente la erección, sienten más o menos lo mismo: sensación de haber perdido la "hombría", la "virilidad", la "valentía". El sentirse acobardado, avergonzado, minusválido, inferior, infeliz o deprimido, son sentimientos que acompañan regularmente a los que padecen de disfuncionalidad eréctil. Insisto: independientemente de sus antecedentes causales. Estos pueden ser componentes psicogénicos: por ansiedad, por depresión, por estrés, por inhibición, por "complejos" diversos, o pueden ser componentes orgánicos: arteriosclerosis, Diabetes, uso abusivo de medicamentos, trastornos hormonales, problemas venosos, lesiones traumáticas peneanas, etc. Cualesquiera sean los componentes causales, el varón sentirá todo aquello que hemos descrito anteriormente.
El varón puede ser muy racional, educado, hablar varios idiomas y "tener mundo". Hasta puede ser profesional, Arquitecto, Ingeniero, o incluso Médico. Psiquiatra o Urólogo, Andrólogo o Ginecólogo, Investigador, Clínico o Cirujano. No importa. Cuando llega la hora desgraciada de que el pene "comienza a fallar", los varones, súbitamente, comienzan a creer en la magia. Pueden llegar a consumir cualquier cosa.
El varón es capaz de consumir desde sustancias con escasísima acción sobre el sistema eréctil, hasta productos naturales de nunca probada acción, pasando por recetas caseras, herbarios misteriosos y pociones esotéricas con sobrado prestigio popular. Tener en cuenta, que los pacientes creen -y muchos profesionales también- que hay medicamentos para cualquier cosa y que siempre hay que tomar "algo". El concepto científico es desplazado rápidamente por la creencia disfrazada de explicación racional. Así podemos ver desfilar: neurotransmisores, alfa-bloqueantes, recaptadores, inmuno-aminas, bloqueantes alfa, cascadas araquidónicas, atp, anp, ifp, gingenósidos, erectoaminas, armonizantes, moduladores, excitantes selectivos, reguladores del tono vasomotor, mantenedores de superficies no trombogénicas, guanilatos y ciclasas solubles, hiperpolarizadores de membrana, calmodulinas, neutralizantes de radicales libres y así sucesivamente ….. Cualquier cosa el varón con fallas eréctiles es capaz de ingerir, envasado en una cobertura quimico-racional-explicativa.
Comprender la importancia y la trascendencia de la erección para un hombre, hace que hoy, clínicos y especialistas diversos, sopesen y evalúen cada caso en particular teniendo en cuenta, no sólo la indicación farmacológica y el síndrome presentado, sino también la historia personal, microsocial y sexual del paciente, sus características de perfil psicológico y la importancia, significación personal y trascendencia otorgada a la función eréctil.
La vulnerabilidad en relación a la erección, para el hombre, es proverbial. Y ésta vulnerabilidad en relación al pene y su función sexual, tiene que ver con los sentimientos. Para el varón, la función eréctil es como un ancla, un bastión, un principio y fundamento "de donde agarrarse" - curiosamente - para expresar sus sentimientos (estar excitado, desear a alguien), pero también para ocultar, para no decir todo lo que se siente, todo lo que se desea; tal vez todo lo que se ama.
Para muchísimos hombres - y esto es origen de numerosos malos entendidos y problemas interminables en la pareja humana - la expresión de los sentimientos, se produce sólo durante la relación sexual. Casi con exclusividad. La erección, por lo tanto, es el vehículo intermediario que posibilita -sí o sí- tal expresividad. Por lo tanto, cuando la erección no se produce, el hombre queda "a merced" de una ausencia de expresión, un vacío inefable y patético similar a la de cualquier persona a la que bruscamente se la arroja en paracaídas en medio de un lugar donde desconoce el idioma, las costumbres y la idiosincrasia de las personas. El pánico reemplaza rápidamente al entusiasmo erótico y cualquier gesto -hasta cariñoso- cualquier palabra -hasta de aliento y apoyo- puede ser tomada como amenaza, lisonja compasiva, lástima, o desprecio sádico y burlón de la mujer con quien se ha "fracasado".
Ocurre que para la inmensa mayoría de las mujeres, el sexo, la relación sexual, la erección y la penetración, no son El Todo. Para el varón sí. Si bien la mujer valoriza la capacidad eréctil, en manera alguna se encuentra ésta en primer plano. Para el varón sí. Allí reside uno de los mayores malos entendidos que nutren las rabias, los resentimientos, los dolores interminables, muchas soledades, infinidad de separaciones y divorcios y habitan muchas de las consultas de psicólogos, psicoanalistas, y sexólogos de cualquier parte del mundo.
El genial Woodie Allen, en su film "Annie Hall", lo expresó de manera contundente. El Psiquiatra pregunta a A.Hall: "¿Con qué frecuencia mantiene relaciones sexuales?", - ella responde: "Huff …!Todo el tiempo, tres veces por semana". La misma pregunta a W.Allen quien le responde: "Casi nunca, tres veces por semana".
Deberemos decir que una muy buena cantidad de varones, desea ardientemente tener la libertad de expresión femenina, se sienten cansados de pelear competitivamente y desean ser protegidos, solicitar ayuda, pedir iniciativas de caricias eróticas y de las otras. Una mujer suele preguntar.... "¿Y si lo desean tanto....por qué no lo solicitan?" La respuesta es, nuevamente... por miedo. Temor a perder a la mujer, luego de haberse "entregado" emocionalmente a ella.
Otra característica de la vulnerabilidad masculina, es que un varón nunca se encuentra seguro de su virilidad, de su identidad de varón. Necesita confirmaciones y refuerzos mucho más intensos y frecuentes que una mujer. La virilidad de los varones, parece siempre inacabada, por alcanzarse, de allí la permanente incertidumbre que asalta a un hombre, y que le lleva a "probarse" con mujeres. Se entiende aquí, que "probarse", implica tener erección. Ni más ni menos. De más está decir, que cuando un varón "se prueba", fracasa. Y fracasa porque su concepción parcializada y maquinal del cuerpo, de la relación y de la vida misma, le hace ver el pene como un pistón, la vagina como un cilindro hidráulico lubricado con "mobiloil", y el orgasmo como el choque de corriente producida por la 2ª. Ley de la termodinámica.
En éstas sociedades occidentales, con ligeras excepciones, ser varón implica luchar con todas las fuerzas, para eliminar o no mostrar las emociones, afirmar permanentemente la independencia, buscar afanosamente objetivos, competir, competir y competir. Ganar, perder, y continuar compitiendo....
Por todo lo que estamos exponiendo, la inmensa mayoría de los hombres que se quejan de problemas eréctiles, aparte de que tengan éste tipo de problemas, que les angustian, les preocupan, los inhiben y los deprimen, todos ellos padecen de profundas alteraciones eróticas. El déficit de la capacidad erótica, se acentúa en la medida que la disfunción eréctil más y más se prolonga.
La necesidad que tiene un hombre, cuando llega a determinada edad, de ser acariciado, "contenido" y hasta "acunado" si es preciso por una mujer, es proverbial. La naturaleza es muy sabia, y provee en cada situación y momento, todos los elementos necesarios. En éste caso, la capacidad de "transfundir" erotismo, de "erectar el cuerpo masculino", bastante antes de erectar el pene. Por otra parte el ejemplo proporciona también, el malentendido casi permanente que un hombre tiene en relación a una mujer: "ellas quieren ser penetradas". En manera alguna esto es así. Más bien es una afirmación netamente masculina, proyectada sobre la mujer. Se le pone en boca de ella, la propia convicción, el propio deseo que no se puede cumplir.
La palabra "juego previo", tiene sus trampas. No es, en general, una buena expresión, porque pone el acento en "previo para algo", y ese "algo" es la penetración.
Además, "juego previo" se supone siempre, que es para la mujer. Que el varón, "no necesita....". Se ignora habitualmente, que uno de los reclamos más escuchados en los consultorios, es de los hombres requiriendo más tiempo para ellos, más caricias, más succiones, más movimientos, en fin, mayores iniciativas.
Esto puede ser contradictorio: por una parte, los varones acarician, pero después, luego de obtenida la erección. Por otra parte, se quejan de no recibir la atención suficiente en términos de caricias, besos, etc. Esa contradicción existe y con ligeras variaciones, se produce en el común de las parejas. En el comienzo de la vida en común, el varón suele tomar la delantera en todo lo referido a iniciativa, abrazos, juegos eróticos. La mujer suele "dejar hacer". Pero a medida que pasa el tiempo, los reclamos masculinos se hacen sentir. También es cierto que, muchísimos hombres se quejan de lo contrario, es decir, que sus mujeres los "acosan", les "apremian", los "exigen", y ellos interpretan eso, como que "tienen que tener el pene duro y por mucho tiempo", cuando en realidad lo que las mujeres "exigen", es simplemente tiempo para poder estar y acariciarse ambos, precisamente, sin exigencias....
Es muy raro que los varones atribuyan sus problemas a razones internas, a problemas afectivos, y mucho menos a estrés o depresión. Para el varón, preocupaciones cotidianas, de trabajo, de compromisos económicos, de responsabilidades a asumir o asumidas, todas causales suficientes de falta de tiempo para el amor, son de las más corrientes. Los hombres desean fervientemente tener una afección orgánica; el temor a lo psicológico, también es proverbial y lo saben bien, algunos profesionales inescrupulosos que efectúan análisis o procedimientos "raros", vendiendo intervenciones quirúrgicas no justificadas. También la corrección de todo esto, es externa: habitualmente, la búsqueda de una "píldora mágica", que resuelva el asunto en horas.
Los hombres creen que deben estar disponibles en cualquier momento, con cualquier mujer y a cualquier hora. También se quejan de las mujeres que toman iniciativas demasiado pronto, y también se quejan cuando no las toman.
Todo lo anterior suele sufrir una modificación dramática, cuando el varón, mediante la inclusión en los cuerpos cavernosos peneanos de una sustancia vasoactiva, o la ingestión oral de un potente inhibidor de la fosfodiesterasa, o por acción de una mujer comprensiva y paciente, o por el contexto permisivo y distendido de un fin de semana, en minutos adquiere una erección. Decimos dramática, porque la amargura, la tristeza, la decepción, la falta de esperanza, todo traducido en semblantes tensos y entrecejos arrugados, se transforma súbitamente en alegría, distensión, brillo en los ojos y esperanzas nacientes. No existe mejor ansiolítico y antidepresivo para un disfuncional eréctil, que observar su pene erecto luego de meses, y, en algunos casos, años. Es como si la sustancia vasoactiva, el comprimido salvador, la palabra cariñosa, la mirada sugestiva, no se hubiera inyectado o dirigido a los cuerpos cavernosos, sino al sistema límbico-cerebral. De hecho la erección farmacológica o psicológicamente inducida, tiene como función principal "bypasear" el cortex perturbador produciendo un shock emocional, que revierta los círculos viciosos destructivos de la erección y de la capacidad erótica.
Siendo especialistas en erección, no iremos más lejos que del glande. Dominaremos entonces, sólo artesanías técnicas.
Siendo Sexólogos, no iremos más lejos que de la pareja. Dominaremos entonces, psicologías e interpretaciones arrogantes.
Intentando ser Médicos, ganaremos en humildad. Sabremos que La Verdad es múltiple y diversa, que no reside en un único lugar y por lo tanto, nadie puede arrogarse ser dueño de ella.

 

   

 

 


"El sex shop del Dr. Müller. Así me imagino el amor" (1977)
Obra de Jürgen Klauke
Extraído de "El erotismo en el arte del siglo XX" Angelika Muthesius y Bukhard Riemchneider.
Benedikt Taschen (Germany) 1993. pág. 147


"A lampman le encanta" (1966) Obra de Larry Rives
Extraído de "El erotismo en el arte del siglo XX"Angelika Muthesius y Bukhard Riemchneider.
Benedikt Taschen (Germany) 1993. pág146

Cuando el pene está en erección el prepucio se extiende y se borra, descubriendo el glande y permitiendo el aumento de diámetro y longitud que se produce por la afluencia de la sangre hacia los cuerpos cavernosos y el tejido esponjoso que rodea la uretra.

Extraído de Nuestra sexualidad. Julia Pomiés.
Editorial Aique. Buenos Aires (1998) pág. 94

 

 

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