Problemas de erección.
El pene y su hombre.
Hacia una erectología
de la erección.
Si existe alguna preocupación casi existencial
en la vida de un varón - y no digo "hombre", para no
incluir a la mujer en la aseveración - es su pene.
Este órgano diminuto (aunque sea de tamaño "normal"
el varón lo verá o sentirá como diminuto) goza de
un prestigio que va mucho más allá de sus funciones naturales.
Digámoslo de entrada: para el varón, el pene es una alteridad.
Quiere esto decir, que tiene autonomía, que tiene "vida propia",
que es "como otra persona"; tanto es así, que muchos
varones "le hablan", "lo insultan", "le ruegan"
y
se "reconcilian" con él.
Para el varón, el pene - o mejor dicho, la erección - es
casi todo. Puede haber amor o no, sentimientos, o no, excitación
o no, la mujer propia o la ajena, de más edad, o de menos. Es lo
de menos. Lo importante, es que se produzca la erección, en el
momento en que se necesite.
En la totalidad de los casos, el pene muestra "su independencia",
y eso "hiere" el narcisismo varonil. "A la mañana,
cuando no lo necesito, allí, en ese momento, sí. Ahora,
cuando voy a tener relaciones sexuales, no se levanta nada".
En otras ocasiones, el asunto se parece a un "torneo": "Pero
mire que yo hago fuerza, me concentro, me concentro y.... nada!"
El profesional puede explicar, con gráficos y todo, que la erección
es un proceso complejo e involuntario. Será completamente
inútil: el varón cree, sinceramente, que la erección
él la puede provocar y sostenerla a voluntad, mediante un proceso
de concentración mental. Y este error, a nuestro juicio, tiene
su explicación.
El pene es un órgano. Un órgano como-cualquier-otro. órgano.
Al igual que el corazón, los pulmones o el hígado - para
tomar tres de los más conocidos - es imposible su regulación
funcional voluntaria. Como cualquier otro órgano, el pene
está gobernado por el Sistema Nervioso Autónomo, y subrayo Autónomo. A nadie se le ocurriría - salvo de poner
en duda su sano juicio - solicitar a otra persona, que "produzca
mediante una concentración profunda, una aceleración cardíaca
de ciento ochenta latidos por minuto", estando, claro está,
la persona sentada o acostada. O solicitar que "voluntariamente,
descienda a la mitad, el número de respiraciones por minuto".
O que "por favor, mediante una concentración adecuada, segregue
bilis por parte del hígado, un treinta por ciento más de
lo que lo hace habitualmente".
Con todo lo anterior queremos significar, que siendo el pene un órgano,
y como tal regido por un sistema al cual no tenemos acceso voluntariamente,
será inútil y hasta pernicioso, que nos ocupemos en forma
voluntaria, consciente y empecinadamente de su funcionamiento. Los varones
sienten que están "a merced" de su pene, que es él
el que los gobierna. Y tienen razón. De allí el título
de ésta disertación: "El pene y su hombre".
Los mecanismos autónomos, automáticos, son "unidades
selladas" que, al igual que los relojes de precisión, se dañan
cuando se les toca su delicado mecanismo. Y es eso lo que ocurre cuando
con nuestra actividad consciente, intentamos gobernar lo ingobernable:
la erección. En esos momentos, se produce la inactivación
del sistema involuntario, que perturbado en su fluir automático,
comienza a fallar.
Con muy ligeras variantes, casi todos los varones que por cualquier
causa - y deseo remarcar que por cualquier causa - han perdido total
o parcialmente la erección, sienten más o menos lo mismo:
sensación de haber perdido la "hombría", la "virilidad",
la "valentía". El sentirse acobardado, avergonzado, minusválido,
inferior, infeliz o deprimido, son sentimientos que acompañan regularmente
a los que padecen de disfuncionalidad eréctil. Insisto: independientemente
de sus antecedentes causales. Estos pueden ser componentes psicogénicos:
por ansiedad, por depresión, por estrés, por inhibición,
por "complejos" diversos, o pueden ser componentes orgánicos:
arteriosclerosis, Diabetes, uso abusivo de medicamentos, trastornos hormonales,
problemas venosos, lesiones traumáticas peneanas, etc. Cualesquiera
sean los componentes causales, el varón sentirá todo aquello
que hemos descrito anteriormente.
El varón puede ser muy racional, educado, hablar varios idiomas
y "tener mundo". Hasta puede ser profesional, Arquitecto, Ingeniero,
o incluso Médico. Psiquiatra o Urólogo, Andrólogo
o Ginecólogo, Investigador, Clínico o Cirujano. No importa. Cuando llega la hora desgraciada de que el pene "comienza a fallar",
los varones, súbitamente, comienzan a creer en la magia. Pueden
llegar a consumir cualquier cosa.
El varón es capaz de consumir desde sustancias con escasísima
acción sobre el sistema eréctil, hasta productos naturales
de nunca probada acción, pasando por recetas caseras, herbarios
misteriosos y pociones esotéricas con sobrado prestigio popular.
Tener en cuenta, que los pacientes creen -y muchos profesionales también-
que hay medicamentos para cualquier cosa y que siempre hay que tomar "algo".
El concepto científico es desplazado rápidamente por la
creencia disfrazada de explicación racional. Así
podemos ver desfilar: neurotransmisores, alfa-bloqueantes, recaptadores,
inmuno-aminas, bloqueantes alfa, cascadas araquidónicas, atp, anp,
ifp, gingenósidos, erectoaminas, armonizantes, moduladores, excitantes
selectivos, reguladores del tono vasomotor, mantenedores de superficies
no trombogénicas, guanilatos y ciclasas solubles, hiperpolarizadores
de membrana, calmodulinas, neutralizantes de radicales libres y así
sucesivamente
.. Cualquier cosa el varón con fallas eréctiles
es capaz de ingerir, envasado en una cobertura quimico-racional-explicativa.
Comprender la importancia y la trascendencia de la erección para
un hombre, hace que hoy, clínicos y especialistas diversos, sopesen
y evalúen cada caso en particular teniendo en cuenta, no sólo
la indicación farmacológica y el síndrome presentado,
sino también la historia personal, microsocial y sexual del paciente,
sus características de perfil psicológico y la importancia,
significación personal y trascendencia otorgada a la función
eréctil.
La vulnerabilidad en relación a la erección, para
el hombre, es proverbial. Y ésta vulnerabilidad en relación
al pene y su función sexual, tiene que ver con los sentimientos.
Para el varón, la función eréctil es como un ancla,
un bastión, un principio y fundamento "de donde agarrarse"
- curiosamente - para expresar sus sentimientos (estar excitado,
desear a alguien), pero también para ocultar, para no decir
todo lo que se siente, todo lo que se desea; tal vez todo lo que se ama.
Para muchísimos hombres - y esto es origen de numerosos malos entendidos
y problemas interminables en la pareja humana - la expresión de
los sentimientos, se produce sólo durante la relación
sexual. Casi con exclusividad. La erección, por lo tanto, es el
vehículo intermediario que posibilita -sí o sí- tal
expresividad. Por lo tanto, cuando la erección no se produce, el
hombre queda "a merced" de una ausencia de expresión,
un vacío inefable y patético similar a la de cualquier persona
a la que bruscamente se la arroja en paracaídas en medio de un
lugar donde desconoce el idioma, las costumbres y la idiosincrasia de
las personas. El pánico reemplaza rápidamente al entusiasmo
erótico y cualquier gesto -hasta cariñoso- cualquier palabra
-hasta de aliento y apoyo- puede ser tomada como amenaza, lisonja compasiva,
lástima, o desprecio sádico y burlón de la mujer
con quien se ha "fracasado".
Ocurre que para la inmensa mayoría de las mujeres, el sexo, la
relación sexual, la erección y la penetración, no
son El Todo. Para el varón sí. Si bien la mujer valoriza
la capacidad eréctil, en manera alguna se encuentra ésta
en primer plano. Para el varón sí. Allí reside uno
de los mayores malos entendidos que nutren las rabias, los resentimientos,
los dolores interminables, muchas soledades, infinidad de separaciones
y divorcios y habitan muchas de las consultas de psicólogos, psicoanalistas,
y sexólogos de cualquier parte del mundo.
El genial Woodie Allen, en su film "Annie Hall", lo expresó
de manera contundente. El Psiquiatra pregunta a A.Hall: "¿Con
qué frecuencia mantiene relaciones sexuales?", - ella
responde: "Huff
!Todo el tiempo, tres veces por semana".
La misma pregunta a W.Allen quien le responde: "Casi nunca, tres
veces por semana".
Deberemos decir que una muy buena cantidad de varones, desea ardientemente
tener la libertad de expresión femenina, se sienten cansados de
pelear competitivamente y desean ser protegidos, solicitar ayuda, pedir
iniciativas de caricias eróticas y de las otras. Una mujer suele
preguntar.... "¿Y si lo desean tanto....por qué
no lo solicitan?" La respuesta es, nuevamente... por miedo. Temor
a perder a la mujer, luego de haberse "entregado" emocionalmente
a ella.
Otra característica de la vulnerabilidad masculina, es que un varón
nunca se encuentra seguro de su virilidad, de su identidad de varón.
Necesita confirmaciones y refuerzos mucho más intensos y frecuentes
que una mujer. La virilidad de los varones, parece siempre inacabada,
por alcanzarse, de allí la permanente incertidumbre que asalta
a un hombre, y que le lleva a "probarse" con mujeres. Se entiende
aquí, que "probarse", implica tener erección.
Ni más ni menos. De más está decir, que cuando un
varón "se prueba", fracasa. Y fracasa porque su concepción
parcializada y maquinal del cuerpo, de la relación y de la vida
misma, le hace ver el pene como un pistón, la vagina como un cilindro
hidráulico lubricado con "mobiloil", y el orgasmo como
el choque de corriente producida por la 2ª. Ley de la termodinámica.
En éstas sociedades occidentales, con ligeras excepciones, ser
varón implica luchar con todas las fuerzas, para eliminar o no
mostrar las emociones, afirmar permanentemente la independencia, buscar
afanosamente objetivos, competir, competir y competir. Ganar, perder,
y continuar compitiendo....
Por todo lo que estamos exponiendo, la inmensa mayoría de los hombres
que se quejan de problemas eréctiles, aparte de que tengan éste
tipo de problemas, que les angustian, les preocupan, los inhiben y los
deprimen, todos ellos padecen de profundas alteraciones eróticas.
El déficit de la capacidad erótica, se acentúa en
la medida que la disfunción eréctil más y más
se prolonga.
La necesidad que tiene un hombre, cuando llega a determinada edad, de
ser acariciado, "contenido" y hasta "acunado" si es
preciso por una mujer, es proverbial. La naturaleza es muy sabia, y provee
en cada situación y momento, todos los elementos necesarios. En
éste caso, la capacidad de "transfundir" erotismo, de
"erectar el cuerpo masculino", bastante antes de erectar el
pene. Por otra parte el ejemplo proporciona también, el malentendido
casi permanente que un hombre tiene en relación a una mujer: "ellas
quieren ser penetradas". En manera alguna esto es así.
Más bien es una afirmación netamente masculina, proyectada
sobre la mujer. Se le pone en boca de ella, la propia convicción,
el propio deseo que no se puede cumplir.
La palabra "juego previo", tiene sus trampas. No es, en general,
una buena expresión, porque pone el acento en "previo para
algo", y ese "algo" es la penetración.
Además, "juego previo" se supone siempre, que es para
la mujer. Que el varón, "no necesita....". Se ignora
habitualmente, que uno de los reclamos más escuchados en los consultorios,
es de los hombres requiriendo más tiempo para ellos, más
caricias, más succiones, más movimientos, en fin, mayores
iniciativas.
Esto puede ser contradictorio: por una parte, los varones acarician, pero
después, luego de obtenida la erección. Por otra
parte, se quejan de no recibir la atención suficiente en términos
de caricias, besos, etc. Esa contradicción existe y con ligeras
variaciones, se produce en el común de las parejas. En el comienzo
de la vida en común, el varón suele tomar la delantera en
todo lo referido a iniciativa, abrazos, juegos eróticos. La mujer
suele "dejar hacer". Pero a medida que pasa el tiempo, los reclamos
masculinos se hacen sentir. También es cierto que, muchísimos
hombres se quejan de lo contrario, es decir, que sus mujeres los "acosan",
les "apremian", los "exigen", y ellos interpretan
eso, como que "tienen que tener el pene duro y por mucho tiempo",
cuando en realidad lo que las mujeres "exigen", es simplemente
tiempo para poder estar y acariciarse ambos, precisamente, sin exigencias....
Es muy raro que los varones atribuyan sus problemas a razones internas,
a problemas afectivos, y mucho menos a estrés o depresión.
Para el varón, preocupaciones cotidianas, de trabajo, de compromisos
económicos, de responsabilidades a asumir o asumidas, todas causales
suficientes de falta de tiempo para el amor, son de las más corrientes.
Los hombres desean fervientemente tener una afección orgánica;
el temor a lo psicológico, también es proverbial y lo saben
bien, algunos profesionales inescrupulosos que efectúan análisis
o procedimientos "raros", vendiendo intervenciones quirúrgicas
no justificadas. También la corrección de todo esto, es
externa: habitualmente, la búsqueda de una "píldora
mágica", que resuelva el asunto en horas.
Los hombres creen que deben estar disponibles en cualquier momento, con
cualquier mujer y a cualquier hora. También se quejan de las mujeres
que toman iniciativas demasiado pronto, y también se quejan cuando
no las toman.
Todo lo anterior suele sufrir una modificación dramática,
cuando el varón, mediante la inclusión en los cuerpos cavernosos
peneanos de una sustancia vasoactiva, o la ingestión oral de un
potente inhibidor de la fosfodiesterasa, o por acción de una mujer
comprensiva y paciente, o por el contexto permisivo y distendido de un
fin de semana, en minutos adquiere una erección. Decimos dramática,
porque la amargura, la tristeza, la decepción, la falta de esperanza,
todo traducido en semblantes tensos y entrecejos arrugados, se transforma
súbitamente en alegría, distensión, brillo en los
ojos y esperanzas nacientes. No existe mejor ansiolítico y antidepresivo
para un disfuncional eréctil, que observar su pene erecto luego
de meses, y, en algunos casos, años. Es como si la sustancia vasoactiva,
el comprimido salvador, la palabra cariñosa, la mirada sugestiva,
no se hubiera inyectado o dirigido a los cuerpos cavernosos, sino al sistema
límbico-cerebral. De hecho la erección farmacológica
o psicológicamente inducida, tiene como función principal
"bypasear" el cortex perturbador produciendo un shock emocional,
que revierta los círculos viciosos destructivos de la erección
y de la capacidad erótica.
Siendo especialistas en erección, no iremos más lejos que
del glande. Dominaremos entonces, sólo artesanías técnicas.
Siendo Sexólogos, no iremos más lejos que de la pareja.
Dominaremos entonces, psicologías e interpretaciones arrogantes.
Intentando ser Médicos, ganaremos en humildad. Sabremos que La Verdad es múltiple y diversa, que no reside en un único
lugar y por lo tanto, nadie puede arrogarse ser dueño de ella.
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"El sex shop
del Dr. Müller. Así me imagino el amor" (1977)
Obra de Jürgen Klauke
Extraído de "El erotismo en el arte del siglo XX" Angelika
Muthesius y Bukhard Riemchneider.
Benedikt Taschen (Germany) 1993. pág. 147
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