|
Conferencias
LA TECNOLOGIA DESHUMANIZANTE SEXUALIDAD Y SOCIEDAD
En este capítulo, me voy a referir al término "humanismo", como una concepción donde se tolera el símbolo en vez de la reproducción, la aproximación, en vez de la exactitud, la plasticidad en vez del rigor. (James, W.: "The Meaning of Truth", 1909). Es decir el humanismo se esfuerza por saber pero, hasta lo que se alcance. Nos adscribimos así al criterio de "totalidad abierta". No se trata de la negación de la verdad científica, sino de una negación de los cuadros tradicionales donde ésta es presentada.
¿Qué entendemos por Sexología Humanista entonces?
1º) Se refiere a las dimensiones humanas que se contraponen a las de la especie natural. Pretende ser la superación de una práctica sexológica estrictamente orgánica, y por lo tanto dependiente de la tecnología maquinal.
2º) Los cuadros sexológicos tradicionales (Disfunciones sexuales) tendrían factores tanto orgánicos como psicológicos y sociales. Los problemas serían de una mera predominancia de unos u otros factores.
3º) Un rechazo abierto a la monocausalidad. Lo que existiría, serían series de factores causales, articuladas históricamente.
4º) Lo antedicho lleva a repensar los modelos terapéuticos, para poder incluir y ampliar el "modus operandi" con los que solicitan asistencia.
La Sexología Humanista se constituye así, en una reacción a la tecnología fragmentadora del ser humano, creada por la superespecialización médica. Una sexología humanista, pretende restaurar la visión totalizadora del hombre. Está enfrentada a una tendencia sexológica que radicaliza su proceso de reducción de la maquinaria corporal, diluyendo la dimensión subjetiva de los problemas relacionados con las disfunciones.
Ver el problema orgánico o eréctil o eyaculatorio, como (y solo como) un interjuego de neurotransmisores, o de hemodinámica, o de contracción muscular, es olvidar que el paciente antes que todo es una persona que siente y sufre como cualquier otra persona.
Es notorio en muchos círculos científicos, que la sexología clínica se procesa viendo a los pacientes como meras máquinas corporales, despreocupándose de los aspectos movilizados por la problemática sexual y su repercusión en el entorno inmediato. Esto es, la vivencia de la afección es dejada de lado. Esto lleva a un énfasis en el orden causal (primacía de lo orgánico) y una dilución del orden comprensivo y de significación.
Es difícil enseñar la idea de que no hay cuerpo absolutamente objetivo posible. Y que - aunque parezca un contrasentido - lo objetivo es una mera ilusión; que aunque se describa minuciosamente la anatomía sexual, el orden en que se lo haga, el lenguaje que se emplea y el énfasis en los detalles, denunciará al lector, al pedagogo, al sexólogo, el carácter ideológico de la producción de su conocimiento. Su subjetividad y su historia estarán allí. Se trata entonces de una sexualidad construída a base de fantasmas experienciales, enriquecidos con el saber vulgar y el movimiento científico más acabado. Siempre hay una mezcla entre la sexualidad anátomo?fisiológica y la absolutamente imaginaria o histórica. ¿Cómo es posible creer que la sexualidad se encuentra en los instrumentos, en los aparatos (sic) genitales de la reproducción?. Y si de reproducción se trata... Desde lo más profundo y arcaico de la biología, nada surge en tanto reproducción sexuada, de uno, sino de dos. El individuo sobrevive gracias al otro. Dentro de los códigos genéticos, se encuentra codificada la imposibilidad de reproducirse solo, y por tanto, las infinitas aptitudes sensoriales para percibir al otro, o emitir señales para ser percibido.
La sexualidad no es la que produce la atracción, sino mas bien, todo lo contrario: la atracción, - aunque está cimentada en reacciones moleculares y físico?químicas - es la que crea la sexualidad y la perfecciona en cada acto.
En muchas sociedades, incluida la nuestra, el cuerpo es una de las entidades privilegiadas para el ejercicio de la dominación. La sexualidad y su práctica clínica, no podría escapar a tal designio, de confiscar al cuerpo a cosa observable, manipulable, medible, "biopsiable", controlable en suma.
Para esta concepción, la sexualidad en tanto cuerpo, es una sumatoria de células, tejidos y funciones. El pensamiento cartesiano de herencia medieval, nos acostumbró a la dicotomía cuerpo?alma, materia y espíritu, cosa y conciencia y, por sobre todo, a la jerarquía; algo de todos estos términos, termina siendo superior y "elevado" y algo, "inferior" y bajo. La jerarquía y la relación de dominación, no aparece, como se supone habitualmente, en las capas sociales o en violentas relaciones interpersonales, sino en forma intrapersonal.
La ciencia mecánica (la física, la ingeniería) proveyó las primeras ideas del cuerpo como máquina. Y una máquina automática, similar a un reloj. El desarrollo de la biología, ofreció luego el concepto de un cuerpo como un montaje de partes separadas pero ligadas entre sí: esto fue el organismo, con capacidad superior de adaptarse al medio y reproducirse.
Sin embargo, modernamente, el modelo?máquina volvió a ser reinstalado al desarrollarse la biofísica, la bioquímica molecular, etc. El cuerpo vuelve a ser conceptualizado como objeto técnico e instrumental, pero ahora el modelo-máquina es el computador. Pensando como tal, como un computador, el cuerpo y los fragmentos de él (pene incluido) dejan de ser máquina vital en relación al medio, capaz de autoregularse y reproducirse. El nuevo modelo -el computador - elimina la relación con el medio y pretende controlarse y generarse a si mismo. El Sistema Nervioso, sería el lugar principal de asiento de este modelo y, a los fines de la sexualidad humana, los genitales, funcionan a manera de monitores. La máquina corporal es fundamentalmente invisible (como los "chips"). Y la fantasía del control total, llega al máximo de "reproducción sin sexo" - como en las nuevas técnicas de inseminación artificial. Y erectar sin Deseo. La ciencia consigue así, su soledad perfecta. No precisa de un otro para vivir.
Apenas un fragmento, en este caso el pene, erecto para crecer (narcisísticamente) por cuenta propia.
La forma contemporánea del principio de realidad, es el principio de rendimiento, según lo expresara H. Marcuse. Producir para consumir y consumir para producir. Ya la identidad de cada uno, no depende de la peculiar relación que se establece con nuestro cuerpo, nuestro psiquismo, nuestra historia personal o nuestra cultura. La identidad se establece en estrecha relación de dependencia con los criterios de nuestra sociedad y por los cuales, somos evaluados. Y de ésta manera, es definida también nuestra sexualidad: con una predominancia de lo genital, por el rendimiento del mismo, por los centímetros de nuestros penes, por la cantidad de nuestros orgasmos, por la frecuencia de los coitos, etc. La ciencia, para algunos criterios médicos imperantes, es la ciencia de la reducción, la ciencia de la parte, la ciencia del hombre reducido, por el "jíbaro" del progreso tecnológico.
El pensamiento reduccionista habita en todo profesional. Forma parte de capas arcaicas de su psiquismo y se pone en evidencia cuando las capas mas actuales son trabadas o abolidas por estrés, cansancio, o ideologías economicistas. En cualquiera de esos casos, el "gran angular" contextual se estrecha y aparece el "zoom" de un pensamiento focalizado, reducido en su amplitud. El todo, se ha convertido en parte.
Pero debemos puntualizar que a su vez, esta descripción es el reflejo de los medios sociales de producción. El profesional está obligado a producir en forma seriada, el ser humano se transforma en sindrome, la funcionalidad celular en química, en fórmula, en número...
La comprensión de los problemas sexuales, exige un trabajo de tipo artesanal y esto entra en contradicción con la cantidad de pacientes a ver para satisfacer la demanda estadística de la superestructura, que requiere, para su justificación presupuestaria, cantidad y no calidad. Un otro problema. Artesanalmente, el profesional cree ser dueño del instrumento con el que trabaja y del producto que extrae de él. Pero en realidad, al estar inserto en un contexto industrial, todo - hasta él mismo - está socializado. Nadie es dueño de nadie... De allí que la visión reduccionista, permite tener la ilusión de re?capturar el medio y el producto.
Este pensamiento reduccionista ? del cual la sexología usufructúa en su perjuicio cuando genitaliza a sus pacientes, ocultando o ignorando decididamente el contexto globalizador de la sexualidad ? es una deformación ideológica frecuente, que habita en el pensamiento médico y en la sociedad donde éstos, a su vez, influyen y son influídos.
El pensamiento reduccionista ve al paciente portador de una queja sexual, como una "máquina viva", o como un computador con un desperfecto.
¿Y qué piensa? o mejor... ¿En qué piensa un médico?: en términos físico?químicos. Todos los datos de la realidad exterior, pueden reducirse a ellos... y operar sobre ellos... Si los músculos perivaginales no se distienden, es porque la concentración de metabolitos y ácido láctico es superior a la tolerancia del "clearence" y el resultado es una contracción tónico?espasmódica, cuyos mensajes, a su vez, arriban a la corteza y subcorteza haciendo concientes el dolor. Consecuencia: el corte del músculo, cirugía mediante, impide este circuito reverberante. Si persiste, es porque el corte no ha sido lo suficientemente profundo. La administración de un relajante muscular por vía general, o el bloqueo anestésico local, sigue el mismo razonamiento.
La subida de los estrógenos como causal de la homosexualidad, o el vaginismo solucionado con un psicofármaco, proceden de igual manera cognoscitiva.
Una versión mas "actualizada" de este mecanicismo reduccionista, nos hace ver a las diferentes partes como recorridas por un mismo principio rector, principo que ligaría a toda la experiencia biológica de un modo homogéneo. De tal manera, tomar un fragmento de la totalidad, como es la titulación de estrógenos, o seccionar un haz muscular, o administrar un psicofármaco, daría como resultado, el impacto en algún punto de ese principio casi absoluto, origen y causa de los problemas sexuales. Lograríamos captar así -y ésta es la pretensión utópica- en cada fragmento, la totalidad del sujeto.
La realidad parece ser otra. El evidente progreso científico, en campos de la física y la química moderna, ha ejercido una notable influencia sobre la producción de conocimientos, y más aún sobre los científicos. La industria contemporánea se mueve sobre estos parámetros, e influye para consumir esa industria, esos conocimientos, esa tecnología. Parecería que toda la estructura de la sociedad reclama este tipo de técnica, que, a su vez, se revierte sobre los científicos usuarios de ella.
El mundo tecnológico obscurece cada vez más la producción erótica corporal, el encuentro íntimo, lo sexual en suma. Lo artificial cobra relevancia, la masificación informativa impactante y la instantaneidad de los efectos. Lo pluricausal y lo pluridimensional se ha ido apagando y lo unicausal adquiere jerarquía de monocausa, lindante con lo teológico. No importa el "cómo" sino el "qué". No importa el antecedente, sino el consecuente.
Importan los penes erectos penetrando vaginas complacientes. Carece de importancia la historia mediata o inmediata que les da sentido. Importa el efecto a todo costo. Si hay obstáculo, hay que removerlo, si hay "hiper" hay que bajarlo, si hay "hipo" hay que subirlo, si no se erecta, hay que erectar. Importa poco el problema eyaculatorio: en él, no suelen descubrirse componentes orgánicos, no hay tecnología con que o para que investigar.
No hay -o parece no haber- problema físico-químico en derredor del problema eyaculatorio. Además para mejorarlo, hay que emplear tiempo, el tiempo es oro pese a no poder ser tocado, palpado, controlado. Además, exige interrelación en la intimidad de dos cuerpos, de dos seres humanos, y una metodología modulada y dosada por otro ser humano: el profesional.
Lo eréctil se adapta mejor a las exigencias productivas. O está o no está. Si no está, lo proveo. A cualquier precio. Es eso lo solicitado, es eso lo ofertado. Además, hay tecnología en derredor: monitoreos, drogas vasoactivas, prótesis, etc. Tecnología implica movimiento de capital.
No ocurre lo mismo con la disfunción sexual femenina. La sexología clínica, sigue siendo heredera del poder patriarcal. La competencia exige mayores clientes para bajar los costos y avanzar sobre el mercado. Esto impide, a su vez, mayor desarrollo en la investigación clínica tomando otros parámetros que no sean los exactamente mensurables, o físico?químicos directos.
Estado actual de nuestra ciencia sexológica.
Se constata a diario, que los profesionales dedicados a esta rama del saber proceden desde diferentes "avenidas" del conocimiento: Psicoanalistas, Médicos especialistas, Pedagogos, Psicólogos Clínicos, etc. No hay duda: las primeras etapas de desarrollo de una ciencia o, en todo caso, de una práctica científica, se caracterizan por una competencia continúa entre una serie de concepciones diferentes de la naturaleza. Todos los observadores profesionales se dicen científicos, y reclaman para sí, una parcela de Poder desde ese saber.
El saber sexológico se ubica dentro de lo que T.S. Kuhn, llama "ciencia normal", es decir "investigación basada firmemente en una o más realizaciones científicas pasadas, realizaciones que alguna comunidad científica particular reconoce, durante cierto tiempo, como fundamento para su práctica posterior" (Kuhn, pag. 33).
Los conocimientos hoy, de la fisiología sexual aportada por Masters y Johnson, más las contribuciones psicoanalíticas clásicas aportados por H. Kaplan y la corriente neo?positivista transportada por el conductismo y la teoría de los sistemas, han producido algunas transformaciones en la observación del hecho sexual. Todas estas observaciones se inscriben o recortan contra un fondo que llamaremos "ciencia normal", es decir, aquella nucleada alrededor del paradigma dominante, siendo un paradigma, el modelo de ciencia aceptado.
Ignoro si la sexología podrá producir algo así como una revolución científica. Mas bien creo que es producto de movimientos evolutivos en los modelos paradigmáticos de distintas regiones científicas: medicina, psicología, psicoanálisis, etc.
Aisladamente si - pero aisladamente - la comunidad ha aceptado el psicoanálisis, o las terapias conductales, la medicina... Nuestros esfuerzos están dedicados a producir, pequeñas transformaciones en la concepción del mundo científico de los profesionales, procedentes de las diferentes regiones del saber.
Digamos que tanto medicina como psicoanálisis -por tomar dos vertientes regionales- son insuficientes de por sí para dar cuenta de su objeto empírico en el área de la sexología.
Los paradigmas de cada una de las ciencias regionales, deben sufrir una distorsión o conmoción, al ponerse en contacto con la otra región, dominada por otros paradigmas. Para decirlo con un ejemplo: el descenso de serotonina sanguínea es insuficiente o tan insuficiente para explicar el fenómeno de pérdida de erección, como la teoría de la transferencia o de la identificación proyectiva patológica, o del condicionamiento operante.
La percepción del científico debe ser reeducada, y debe aprender a ver formas nuevas. No me parece ser o no alcanza a ser una revolución científica, pero si una revolución perceptual. Quedarse acantonado en la disputa regional es, nuevamente, reducir el fenómeno, expresa una resistencia al cambio en lo referente a la sexología, y la pugna involuntaria sobre si los hechos son mas o menos orgánicos o psicológicos, conduce a la esterilidad de la investigación, de la clínica y de la enseñanza.
Vemos a la reducción, como una verdadera patología del saber. Un monopolio en el esquema conceptual del científico, para entender el fenómeno sexual. El remedio propuesto, es una quiebra del hecho empírico, atravesado por los diferentes paradigmas o modelos del saber. Solo así podremos luchar contra el pensamiento reduccionista, y poder alcanzar - o tender a alcanzar - los ideales de una Sexología Humanista.
|